Saturday, August 12, 2006

EL ARTE EN LA UNIVERSIDAD

EL ARTE EN LA UNIVERSIDAD
Un valor universal necesario a todo sistema de educación superior.
Lic. César A. Reyes Campos

Cultivar las expresiones artísticas en las universidades significa una loable preocupación por el hombre. El ilustre maestro Walter Peñaloza decía, en uno de sus estudios acerca del currículo universitario, que las culturas de todos los tiempos y de todos los espacios geográficos siempre buscaron la belleza y que en este afán cultural se codificó el ARTE. Por ello, privar a los estudiantes de todos los niveles y modalidades del arte, es negarles algo esencial a su naturaleza. Por el hecho de que el hombre es un ser racional, social y creativo hay un ínsita correspondencia entre él y el arte. Son pues las generaciones herederas del arte y los procesos educativos no pueden soslayar su inclusión en los curricula alentando a su vez la formación de Talleres que lo cultiven.

Son dos tareas esenciales las que han de tenerse en cuenta para integrar el arte en los procesos de enseñanza aprendizaje: la apreciación (comprensión) y la expresión artística. Algunos centros universitarios privilegian sólo la práctica, lo cual es un logro, pero un logro parcial. Lo cierto es que los estudiantes necesitan ir penetrando tanto en la teoría como su práctica. Mediante la teoría se explica el arte, se comprende su función social y pueden distinguirse las diversas motivaciones que lo generan en las diferentes culturas. Mediante su práctica visualizamos y decodificamos los mensajes pues el arte, como todas las manifestaciones culturales, constituye un proceso de comunicación diferenciado solamente por los códigos y soportes que la innovación creativa evidencia asi como por los estilos que son improntas o sellos que testimonian cada época.

Por lo dicho, creemos que todos los talleres que se forman en las universidades para el cultivo de la Danza, la música, el teatro, las artes visuales, la cinematografía, videografía, talleres de creación literaria, etc., pueden matizar su trabajo realizando foros, mesas redondas, paneles, videoconferencias, en las cuales los adscritos a cualquiera de ellos puedan ampliar su visión del arte en cuanto práctica y teoría.

Otro camino para complementar el estudio y la práctica del arte en forma libre, es la asistencia a conciertos, galerías de arte, recitales, puestas en escena, etc. Consideramos que las universidades por medio de las Direcciones de Proyección Social pueden conseguir abonos y sugerir el ticket universitario para que los estudiantes tengan el acceso y una asistencia sostenida a estos eventos. Tanto esta Dirección, como los Institutos Culturales que tienen algunas universidades, deben auspiciar y promocionar las actividades artísticas. A su vez, tanto la Proyección Social como los Institutos, contarán con los presupuestos necesarios que permitan invertir para la atención de una necesidad vital como es el gozo estético.

Los espacios. Dotar a los talleres de los espacios adecuados (aulas multiusos, preferentemente circulares diseñadas con la opinión de los directores de talleres) es una señal positiva de lo que se entienda por universidad. Estos espacios deben contar con el personal idóneo para su mantenimiento y manejo adecuado de los equipos. Algunos rectores consideran que estos espacios son contingencias que no deben priorizarse en sus presupuestos. Craso error. Es de vital importancia que quienes integran la alta dirección se preocupen y asistan a cuantas actividades se programen por los talleres. Si las autoridades de una universidad no revelan interés por lo que los alumnos ejecutan en estas tareas, estamos frente a personas que no fueron debidamente alfabetizadas en la lectura y consumo del arte. Se supondrá una distancia preocupante de su formación humanística.

La difusión. Hay dos tipos de difusión: una interna y otra proyectada a la comunidad. Para lograr una proyección solvente, en el segundo caso, es acertado destinar un bus que ejecute los traslados para el intercambio con otras universidades así como en las comunidades, comedores populares, centros culturales provinciales y desde señales televisivas de modalidad abierta y/o cerrada.

Los directores de talleres. Muchas veces los mismos alumnos encuentran entre ellos a los propios líderes que entusiasman y dirigen las actividades artísticas que se han definido en sus propios reglamentos. Es una buena iniciativa, sin embargo, que éstos, inviten a artistas, profesores o expertos para recibir de ellos consejos, ideas, de cómo mejorar cada vez los proyectos. Una forma de darles continuidad a estos talleres y a su estructura es emitiendo Resoluciones Rectorales que aseguren el derecho a la práctica y el uso de los espacios disponibles., Es penoso observar, a veces, que actitudes burocráticas pongan toda suerte de cortapisas para frenar las iniciativas de los jóvenes.

Otros eventos. Los talleres, con la asesoría de los docentes universitarios que revelen interés por las artes, pueden conformar comisiones que planifiquen y ejecuten: Encuentros artísticos, Juegos Florales, Seminarios, Simposios, Tertulias Académicas, etc. Si los mismos estudiantes parten de sus propias necesidades de experiencias. Conocimientos y prácticas, el éxito de cuanto evento se propongan tiene garantizado el éxito.

Los equipos. Cada práctica artística demanda la disponibilidad de equipos básicos que deben ser facilitados por las autoridades. Quienes usen estos equipos están en la obligación de conocer correctamente su manejo para garantizar su buen estado y durabilidad. Es un resabio censurable el uso indolente que suele dárseles a los equipos por la negligente idea de que lo que no nos cuesta no merece cuidado.

Compensaciones y estímulos. La práctica y difusión nos obliga a reconocer el trabajo de los estudiantes. Estos pueden ser materializarse mediante becas, viajes, consideraciones crematísticas, diplomas que abonen créditos válidos para la titulación, así como figurar en la Galería de Méritos en espacios visibles como la Biblioteca de cada facultad o en vitrinas preparados para el caso.

La página Web. Los talleres estarán identificados con su debida página en la red de tal manera que puedan darse a conocer sus programas y se efectúe una fácil comunicación con similares de otros países. Estas páginas deben estar diseñadas por expertos y no limitarse sólo a listados de alumnos, como sucede en algunas universidades.

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